¿OPTIMISMO EN EL HORIZONTE?

En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Y así el poeta Ramón de Campoamor podría ser nombrado filósofo de cabecera de nuestro oficio, porque si alguna profesión se caracteriza por la preeminencia de la subjetividad es sin duda la nuestra. ¿Qué es mejor? ¿Cuál es el camino que aúna calidad y comercialidad? ¿Por qué triunfa lo que no me gusta y lo hace quien no me parece bueno? ¿Tiene la razón la mayoría o acaso la crítica especializada? Todo ello son preguntas sin respuesta desde el inicio de nuestra industria y por todo eso cualquier análisis concienzudo de las cifras recientes de nuestro negocio pueden llevarnos al mismo optimismo que nos invade cuando un artista nos presenta “la canción que va a reventar este año”, o al baño de realidad que nos abraza cuando meses después  “no ha pasado nada”.

Viene esta presentación a colación, porque recientemente han visto la luz los datos que, tanto el Anuario de la SGAE, como el informe de PROMUSICAE, nos muestran las cifras que la música en directo y la grabada han movido en nuestro país este primer semestre del año 2017, así como las cifras del año 2016.

Como siempre que se analiza un informe podemos hacerlo desde una perspectiva optimista o desde una en que prevalezcan los aspectos negativos. La verdad es que en este caso podríamos hablar de un paradigma flexivo y defender cualquier variación: estamos varados, pero se notan avances, los avances son ficticios, solamente las estructuras macro se benefician, etc…En todo caso creo que estamos en la “obligación psicológica” de canalizarlo de una manera positivista, que por otra parte bastante llevamos estos últimos años sobre nuestras espaldas como para no agradecer el mínimo atisbo de claridad y mejora. Al fin y al cabo, caminar lento sigue siendo sinónimo de avance y en esa etapa parecen mostrarnos las cifras que estamos actualmente.

El pasado año la asistencia de espectadores se incrementó en una cifra absoluta de unos doscientos mil que, si bien es cierto que supone apenas el 1% respecto al año anterior, lo verdaderamente destacable es que por primera vez desde el año 2008 cambia la tendencia negativa y cuando miramos hacia atrás ahora subimos. Y no estamos hablando de un argumento baladí, porque desde el comentado 2008 las cifras eran descorazonadoras. ¡Habíamos perdido un 40% de espectadores! Por lo tanto, cualquier inversión en esa tendencia debe ser bienvenida y, si bien siempre estuvo claro que el público seguía teniendo interés en nuestra música, el final de la historia era que nuestro negocio iba año tras año al fondo de un barranco que parecía no tener fin. Pues bien, ahora puede que estemos en el momento del ansiado cambio de tendencia.

Ya dicen los economistas que un cambio de tendencia no se predice, se detecta. Claro que la experiencia con las predicciones de  los economistas no ha sido la mejor últimamente, pero tenemos la sensación de que estos informes avanzan lo que parece un cambio de situación al respecto, porque ese incremento se acompaña también con uno paralelo en el gasto producido para la música grabada, tanto en la venta de soportes, como en el consumo de streaming.

Por lo tanto, parece que nuestro análisis debe acogerse al optimismo. ¿Que el negocio está cambiando? Eso parece inevitable, como parece clara la tendencia bajista de los conciertos gratuitos, pero si recuperamos el público de pago para la causa, entonces hay esperanza. De hecho, será ese público el que ponga en valor nuestro oficio y ya sólo faltará que vuelvan esos presupuestos públicos para la educación en la música. Nunca hemos creído que la solución sea que el trabajo de los músicos deba ofrecerse gratuitamente como si se tratase de algo sin un valor intrínseco y sin dificultad, pero a cambio estaría bien una política cultural que entienda que desde las edades más tempranas debe hacerse entender a nuestros niños, a nuestros jóvenes, que la música es una profesión complicada, un oficio envuelto en la pasión de las actividades creativas. Cuando se entienda que ser un buen músico tiene el mismo valor que, por poner un ejemplo, ser un buen ingeniero y que diseñar un gran espectáculo entraña la misma dificultad que un buen diseño de arquitectura, habremos avanzado en el camino correcto. Si además conseguimos incrementar nuestra importancia en el PIB y nos acercamos de nuevo al 4 % de los mejores momentos, pues mejor que mejor.

Mientras tanto a seguir trabajando, que como nos cantaba la inolvidable Celia Cruz en su inmortal “ la vida es un carnaval”: todo aquel que piense que esto nunca va a cambiar, tiene que saber que no es así,
que al mal tiempo buena cara, y todo pasa… y las penas se van cantando.

Junta Directiva de A.R.T.E.

 

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