ALGO SE MUEVE

Nos movemos en nuestra industria en paisajes cambiantes que varían la orografía de nuestra profesión de manera rápida y abrupta, inesperadamente amenazantes a veces, tranquilizadoras en ocasiones, pero siempre hacia derroteros inopinados, de manera que lo escrito ahora puede soslayar lo próximo por venir a corto plazo y no digamos en unos pocos meses.

Sin embargo, está claro que algo se mueve, que bajo la apariencia superficial del continuismo vamos a acceder a campos impensables hace escasos años. Hacia donde nos dirigimos todavía no está claro, pero es evidente que nuestro negocio ha cambiado para siempre.

Por una parte, el continuo goteo de la corrupción ha derivado hacia el extremo de la vigilancia superlativa y ha conseguido que los pliegos de condiciones a cumplimentar para la consecución de un concurso público sean merecedores en ocasiones de descifradores de jeroglíficos egipcios, cuando no de profesionales cercanos al heroísmo dispuestos a enfrentarse a unas condiciones previamente épicas para un incierto beneficio y en todo caso muy alejado de los parámetro equiparables a una gran rentabilidad.

En otro sentido, cuando las grandes compañías discográficas, ahora corporaciones por el ingente número de marcas, sellos y compañías que engloban, entraron en el ámbito de las actuaciones en directo no podrían ni siquiera imaginarse que el futuro inmediato les depararía la sorpresa del conflicto de la reventa digital, un nuevo caso en que el proveedor le daba la vuelta al cliente y acababa aprovechándose de él. Muchas ticketeras han creado la vía paralela de la venta a precios muy superiores al original sin la posibilidad de adquirir tickets al precio marcado por el promotor que se juega el dinero. Es decir, tú arriesgas, me das el negocio de vender tus entradas y por arte de birlibirloque, acabo ganando más que tú. Un término gracioso este del birlibirloque, pero que en definitiva significa lo que significa, de modo inexplicable birlar al prójimo.

Cuando SGAE en su día, creó su propio sello discográfico y compró sus propios espacios escénicos ya vivimos algo parecido, pero mira por donde ahora parece que también por ahí pintan bastos y una próxima competencia va a concurrir en nuestro mundo de los derechos de gestión ¿Habrá nuevas sociedades que dividan el negocio? Parece que antes de lo imaginado.

Asimismo se está gestando el estatuto del artista que pretende la protección del mismo para el desarrollo de una manera digna de tan loable profesión. Nada que objetar, si no fuera que se vislumbra una sobreprotección susceptible de hacer inviable la contratación para pequeños y medianos proyectos. Por otra parte aquellos proyectos que afectan al ochenta por ciento de los artistas. Uno de los grandes problemas puede ser el régimen de contratación en la Seguridad Social para un colectivo, el nuestro, tan específico que, bien se trata de manera diferenciada o nos llevará al laberinto en que estamos ahora, en el cual ya no sabemos si los promotores van a ser responsables de la Seguridad Social de hasta los músicos que acompañan a los artistas.

Quizás y por una vez tenemos la esperanza de que nuestro colectivo se una y a través de la Mesa de la Música englobe una iniciativa que abarque todo el sector para que de manera conjunta se cree una fuerza común representativa de la Música como industria estratégica y seamos capaces de convencer a nuestros gobernantes de la gran importancia que tenemos a nivel económico, social y cultural como ningún otro. Esta iniciativa puede ser capaz de ello y nuestro esfuerzo no cejará en ese empeño porque consideramos que se trata de un objetivo imprescindible.

Por otra parte, hemos celebrado nuestra Asamblea Anual y creemos que la mayoría es consciente de vivir estos momentos de cambio, de dificultades de observación ante la deriva de los acontecimientos. Como siempre hemos constatado que las incertidumbres e inquietudes suelen ser comunes en nuestra Asociación y esta vez el tiempo de debate ha sido dedicado especialmente a problemas generalizados. Además una actitud positiva en dichos debates ha ayudado a avanzar en los temas sin enquistarse en particularidades que no llevan más allá de casos concretos y específicos.

Creemos que los encuentros entre socios se consolidan como una iniciativa de interés común y las ponencias o charlas han concitado una aprobación mayoritaria. Como en muchas otras ocasiones la cena y entrega de reconocimientos fueron un colofón brillante para esos dos días de vivencias comunes y de encuentros prósperos al respecto.

La Asamblea siempre es una buena ocasión para hacer negocios y una buena excusa para encontrarse con colegas y amigos.

En todo caso, avanzamos, vivimos momentos de cambios y de futuras expectativas. Algo se mueve.

Junta Directiva de A.R.T.E.

 

 

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