LA MÚSICA, EL OXIGENO DEL ALMA

Es difícil evaluar la importancia intrínseca que tiene en el ser humano todo aquello que va más allá de las necesidades primarias, es evidente que no podríamos vivir sin comer o sin beber o que disponer de una buena salud general nos permite avanzar en el día a día y que otras necesidades como la vivienda parecen indispensable, pero una vez cubiertas esas necesidades es cierto que nuestra evolución, nuestro crecimiento como personas dependerá de múltiples factores, esencialmente sensoriales que nos cambiarán hacia uno u otro modelo de individuo.

Entre esos múltiples factores sociales y sensoriales la música es sin duda uno de ellos. Antropológicamente se nos cuenta que una de las primeras actividades de la evolución del ser humano fue la danza y, es evidente que tuvo que aliarse con la música. Desde entonces aquel golpear de palos contra troncos unidos a cantos tribales el ser humano siempre ha estado unido a la música. Esa música ha sido el hilo conductor de nuestras experiencias, de nuestras emociones, de muchísimos sentimientos que conforman nuestra biografía.

La música ha sido muchas veces, muchísimas, uno de los sectores más abandonados de nuestra sociedad y paradójicamente el que resulta estar presente en cada una de nuestras acciones cotidianas. La música en concreto es desde el momento en que nacemos nuestro más fiel acompañante, desde las primeras nanas hasta la última melodía fúnebre que despide nuestros días y sin embargo nunca ha ocupado el lugar que merecía. La despiadada crisis económica la relegó y marginó al rincón del ocio y difícilmente podrá salir de allí sin ayuda y, aun así, es fuerte y resiste, siempre lo ha hecho, buscando oportunidades en los recovecos más oscuros. El escenario está cambiando constantemente, pero la música permanece, el arte siempre vuelve a nuestras vidas, cuando la situación financiera no permitió comprar discos, la tecnología apareció con sus plataformas streaming, cuando el artista ya no obtenía discos platino empezó a recibir millones de visitas en YouTube y cuando resultaba imposible seguir un tour, Netflix nos presentaba un documental mucho más allá del concierto.

Y es que la música como cultura ha obtenido un éxito mayor que todos los artistas de la historia juntos: el amor incondicional del ser humano.

La música nos acompaña desde siempre y lo hace muchas veces desde una manera superflua y otras tantas en los momentos decisivos. Todos tenemos la canción que identificamos como el momento clave de nuestras vidas, aquella canción que sonaba el día que conocimos a nuestra pareja, la canción que estaba de moda en un año decisivo en nuestra trayectoria personal. Pocos motivos tenemos en la vorágine social en que nos movemos que nos ofrezca tanto sin pedir nada cambio y es parte de nuestra responsabilidad como profesionales del medio luchar por ella, respetarla y defenderla. Tenemos que poner nuestro propio granito de arena para defenderla en esos ámbitos hostiles que suelen ser las instituciones. Desde siempre solemos relegarla como algo que no es imprescindible, pero sin duda alguna nos equivocamos porque bastaría un día sin música para darnos cuenta de que sustenta muchísima actividad de nuestro quehacer diario.

En una sociedad de consumo suele ser un buen barómetro la actividad profesional de los medios publicitarios y ellos nos muestran día a día la importancia de una buena canción en una campaña de televisión. Y ello tiene una explicación porque un buen tema es capaz de cambiarnos nuestro estado de ánimo. Con el paso del tiempo identificamos muchísimas veces a las marcas con las melodías que los creativos eligieron para convencernos de consumirlas, así pues, una melodía como libre de Nino Bravo nos levanta el ánimo y nos hace sentir optimistas. Y nada nos identificará mejor que Mediterráneo de Serrat.

Cualquier sentimiento podemos hermanarlo con la música. La alegría, la tristeza, la añoranza, la nostalgia, la lucha, todo tiene una melodía que identifica nuestro día a día.

Hace unos días, Martin Scorsese Premio Princesa de Asturias de las Artes 2018, en su discurso de agradecimiento decía “en los aspectos prácticos de la sociedad, el arte es siempre tan frágil. Se critica, se margina y a menudo se trata como si no fuera esencial para la vida¨, y añadía, ¨ Siempre hay alguien tratando de poner el arte y al artista en su sitio. “Es un lujo. Es una diversión”. Pero el arte resiste”.

Y resiste, entre otras cosas, porque es esencial para nuestras vidas como el aire que respiramos. Por todo ello los que tenemos la suerte de dedicarnos a ella también tenemos la obligación de valorarla, de defenderla de respetarla y, sobre todo, de disfrutar de ese privilegio.

Un grande como Beethoven dijo, ¨La música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía”. Pues seamos sabios, y ¡Que siga la música!

LA JUNTA DIRECTIVA DE A.R.T.E.

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